jueves, 16 de junio de 2011

Día 12, miércoles 15 de junio

Hola a todos. Antes de empezar a contaros las aventuras de hoy tengo que hacer un apunte del día de ayer. Cuando estábamos en el camping estuvimos hablando con un inglés llamado Ollei, que trabaja para una página Web de viajes en moto y tenía una moto con sidecar "Ural", fabricada en Siberia, que había cogido en Austria. Viajaba con su novia, que era periodista, e iban hacia Nordkapp y después a cruzar por el norte hasta Rusia, bajando luego por las ex‑repúblicas soviéticas del Báltico y de vuelta para Inglaterra (duración aproximada del viaje 3 meses).


Después de esta breve introducción vamos al día de hoy. Nos levantamos sobre las 8:00 h y, después de recoger todos los petates, emprendimos el camino, parando primero a desayunar horriblemente en el mismo sitio en que cenamos ayer. ¡La cosa empezaba mal! Una vez en ruta nos dirigimos hacia Trondheikm, a unos 300 km, con mucho frío y lloviendo. Tuvimos que volver a ponernos los trajes de feria (los de agua) que tanto nos gustan y que, en mi caso, me destroza al tener que ir encogido porque me queda pequeño (no me voy a repetir que ya lo conté el otro día). Por el camino vimos, o mejor dicho intentamos ver, otro salto de agua espectacular, pero era un recinto que había que pagar y al final no entramos pero nos hicimos una foto con un señor muy simpático. El resto de la mañana seguimos conduciendo bajo lluvia, con mucho tráfico y con paradas intermitentes.

No os lo había contado, pero casi todos los días Malonis tiene microcortes de tensión, más conocidos como "microsueños", que le obligan a parar en el medio de la ruta a echar una siesta de 5 minutos, y que "nunca coinciden con los momentos de repostaje de la moto". También durante la mañana tuvimos una falsa alarma en la moto de Malonis; parecía que babeaba algo, pero todo quedó en nada.



 
Tras haber recorrido casi 350 km, los peores de lo que llevamos de viaje, paramos a comer en un italiano en un pueblo llamado "Storen". El camarero no nos avisó de la cantidad que habíamos pedido y sobró la mitad de la pizza que pensábamos compartir (¡nunca había visto una pizza tan grande!), acompañando a unos entrecotes. Después de tomar un cafetito nos pusimos en marcha, con la carretera mojada pero casi sin llover, lo que nos permitió quitarnos los trajes de agua.

 A partir de este momento cambió la ruta completamente: pasamos del infierno al cielo, dejó de haber tráfico y el paisaje comenzó a mejorar, transcurriendo toda la carretera cruzando de un lado a otro de un río que se iba haciendo cada vez más caudaloso con el ingente número de cascadas a ambos lados que acababan en él (nosotros íbamos ascendiendo hasta el nacimiento del río en lo alto de una montaña).

El destino de este primer tramo de la tarde era la ciudad de "Dombas", donde paramos a repostar y nos desviamos de la carretera principal E6 (menuda carretera principal tienen estos noruegos, sin arcenes, pasos a nivel, sin estar vallada, etc.) para dirigirnos hacia otra NTR entre los pueblos de Lom y Gaupne.

Antes tuvimos que recorrer unos 50 km, que decidimos hacer por la ruta más corta que nos marcaba el Tom Tom en vez de por la más rápida. ¡Así nos fue,  "no hay atajo sin trabajo"! Tuvimos un tramo de 40 km de una carretera sin asfaltar que nos llevó por el alto de una montaña y encima tuvimos que pagar 50 coronas noruegas (aprox. 9 €) por cachucha. En este recorrido aparecieron en el medio de la carretera ovejitas, como las de Carmen Sevilla, y unas vaquitas muy raras. Este tramo nos llevó lo equivalente a 80 km de carretera normal.


Desde que entramos en la NTR todo cambió: se secó completamente la carretera, empezó a salir el sol y, ya sé que todos los días digo lo mismo pero este país no te para de sorprender, cuando crees que has visto el paisaje más bonito aparece uno nuevo que lo supera. En este caso la ruta era la subida a una montaña, un tramo llano en lo alto todavía lleno de nieve y sin nada de vegetación y la bajada por la otra cara hasta llegar al comienzo del fiordo más grande de Noruega, Sognefjorden. Toda la ruta fue con ríos, vegetación preciosa, curvas y pendientes de vértigo, pasando del nivel del mar a 1600 m de altitud y otra vez al nivel del mar. La subida era digna del mismísimo "Tour de Francia", aunque la parte con mayor pendiente era la cara que bajamos, donde todavía mejoró el paisaje al ser la entrada del valle donde comienza el fiordo.






Finalmente, decidimos parar en el pueblo de Sogndal, en un hotelito de cuento a la orilla del agua. Llegamos un poco tarde, sobre las 10, cuando ya no daban de cenar, pero al final nos prepararon un pescadito que no estaba nada mal. La dirección del hotel, por si alguien lo quiere ver, es www.hofslund-hotel.no. Después de cenar nos dimos una buena ducha (en mi caso fue un buen baño) y contemplamos las vistas desde la terraza. Luego fuimos a dar una vuelta por el pueblo, que parece un lugar bastante turístico, aunque no había un alma a la 1 de la mañana, siendo casi de noche. Desde que llegamos a esta zona hemos visto a bastantes turistas españoles (la crisis no se nota) y estuvimos hablando con ellos del viaje y de este maravilloso país llamado Noruega (me refiero a la naturaleza; carreteras fatal y comida mejorable).


P. D. He recibido críticas feroces por mi estado físico en la foto del día del baño en aguas del círculo polar ártico, la última de mi madre hoy (mamá, papá, un beso muy fuerte para los dos), pero en mi defensa tengo que argumentar que todo estuvo en mi contra en el momento de la tomar la foto:
  1. El que acababa de salir del agua era yo y estaba congelado, con lo que estaba un poco encogido, lo cual no favorecía.
  2. Al lado estaba Pucho, con su cuerpo atlético y morenito de estar al sol en el Fluvial.
  3. Yo estoy blanquito al no haber tomado todavía un rayo de sol.
No sé si os he convencido pero había que intentarlo.

Bueno gente esto ha sido todo. Un saludo desde el paraíso y hasta mañana.

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